
Enviado por
Donanfer
Publicado el 2011-05-12 21:49:23
Libro El Legado del Imperio Romano
Los romanos no fueron los primeros cristianos. Sin embargo, una vez convertido oficialmente al cristianismo, el Imperio Romano promovió, reforzó y difundió esa religión en Europa, el oeste asiático, el norte de África, hasta donde se extendían sus dominios. La Iglesia logró riqueza y poder bajo la protección de los emperadores romanos. La propia Roma se convirtió en capital de la cristiandad occidental, y hoy es sede de la Iglesia católica romana, pero, aunque parezca irónico, por la época Ruinas Romanas (Tarifa) en que el cristianismo se convertía en religión oficial el imperio desplazaba sus energías lejos de Roma. Roma está plagada de contradicciones; perduró cambiando, desarrollándose y reaccionando. Los reyes gobernaron la ciudad-estado hasta que el pueblo se rebeló y los derrocó. Llegó luego la República, que duró largo tiempo, y después el gobierno de los emperadores, que prevaleció durante varios siglos. Mientras era una república, Roma fue creciendo hasta convertirse en un imperio. En sus postreros años el imperio era cada vez menos romano, hasta que lo que quedó era ya algo muy distinto. ¿Contradicciones? Por supuesto. Cuando una civilización vigorosa dura más de mil cien años — más de dos milenios si se considera el Imperio de Oriente como la parte bizantina del Imperio Romano — está por fuerza sometida a contradicciones. En la cúspide de su poderío, Roma era demasiado grande como para no constituir un cúmulo de contradicciones, tanto en el estilo administrativo, como en la política militar y en las tendencias culturales. Roma se disgregó una y otra vez, pero siempre permanecía unida. Sin embargo reaccionó, controlando la región occidental del centro de Italia, el Lacio, hacia 338, para extender su dominio a la mayor parte de la península italiana, hacia 268 a.C., y progresar sin pausa durante los doscientos años siguientes. La difusión del cristianismo fue sólo una manifestación tardía de esta asombrosa civilización. Durante la República (de 509 a 39 a.C.) la antigua ciudad-estado se convirtió en la mayor potencia europea y en el imperio dominante de la región mediterránea. Tras la muerte de Alejandro, Roma reemplazó con el tiempo a sus herederos y absorbió mucho de lo que el macedonio había acumulado, incluyendo Grecia y Macedonia. Venció a Cartago en una serie de guerras (las guerras púnicas), y se adueñó de las riquezas y vastos territorios de esta ciudad-estado del norte de África. Roma absorbió libremente ciertos rasgos de otras culturas: el panteón de los dioses griegos, la democracia al estilo ateniense y la tecnología del trabajo de los metales de una cultura italiana anterior, la de los etruscos. ¿Cómo se detecta hoy la influencia de Roma? De muchas maneras. En primer lugar, la lengua romana, el latín, es la base no sólo del italiano sino también del francés, el castellano, el portugués y el rumano. También dejó fuertes huellas en idiomas no latinos como el inglés. Aun después de que el latín se convirtiera en lengua muerta, permaneció siendo el idioma de la erudición, la medicina y la ciencia. También fue el lenguaje unificador de la Iglesia católica romana, que para Roma y otros países europeos, antes del siglo dieciséis d.C., era simplemente la Iglesia: la única que. Del Imperio Romano de Occidente no quedaba más que el nombre mucho antes de su desaparición oficial, en 476 d.C. (su parte oriental, el Imperio Bizantino, sobrevivió hasta 1453). Aunque Roma no era más una capital imperial, su nombre permaneció en la mente de los pueblos en forma tan amplia y duradera que evocaba el poder y una cierta aura de legitimidad. El Sacro Imperio Romano, confederación de principados y ducados europeos aparecida mucho más tarde, que modificó formas y lealtades durante siglos, debe su nombre al respeto que los europeos medievales tenían todavía por la noción del poder romano. Se inició el imperio mencionado en 800 d.C., cuando el papa León III otorgó el título de emperador a Carlomagno, rey de los francos y primer gobernante en lograr la unidad de la mayor parte de Europa occidental, bajo una autoridad única, tras la caída del Imperio Romano. Aparte de la bendición papal de este imperio que se unificó Austria y Alemania menos en el papel, poco tenía que ver con Roma, pero el término romano poseía un dejo de legitimidad imperial. Otros términos romanos perduraron, en especial aquéllos que se referían a cargos de autoridad. El título ruso zar, lo mismo que el alemán kaiser, provienen ambos de la palabra latina caesar, césar .Aun el nombre de una poderosa familia dinástica, los Romanov, que gobernaron Rusia de 1613 a 1917, se refería a la Roma imperial. El legado de Roma está presente en Europa, América y otras regiones culturalmente influidas por los europeos: amplia zona que comprende las Filipinas, Sudáfrica y la mayoría del continente africano, Australia y, podríamos decir, el resto del mundo.
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