Sinopsis de El Coliseo de Roma

Enviado por
Donanfer
Publicado el 2011-03-28 16:50:51
Libro El Coliseo de Roma
El Coliseo, iniciado sus obras por el emperador Vespasiano en el año 70 y concluido por su hijo Tito una década después, era el anfiteatro mejor proveído que los romanos o cualquier otro pueblo hubiesen erigido. Como Vespasiano y Tito eran componentes de la familia de los Flavios, los romanos lo identificaban como el anfiteatro flavio, y no modificó su nombre por el de Coliseo (a causa de sus formidables extensiones) hasta la Edad Media.A Diferente del Circo Máximo, abierto por un extremo, el Coliseo constituía una elipse cerrada. Medía ciento ochenta por ciento cincuenta metros, y sólo la arena tenía ochenta y cinco por cincuenta y cinco. Los arqueólogos estiman que podían asistir cincuenta mil concurrentes, aunque los romanos aseveraban que eran el doble de personas las que presenciaban el espectáculo, contabilizando con los que se aglutinaban en los pasillos. En un principio las paredes se alzaban a cincuenta metros de altura y al final de ellas se instalaban asientos de madera a modo de tribuna abierta. La arena podía atestarse de agua para representar combates marinos. Estaba provisto con un sistema de ascensores que remontaban y descendían merced a un régimen de contrapesos y poleas, que encumbraban a las bestias en jaulas desde el subsuelo hasta la arena en el instante justo. Hoy en día se han esfumado las dos terceras partes del edificio. Tenía ochenta entradas: setenta y seis aprovechadas por el público en general, una para el emperador y otra para las vírgenes sacerdotisas y los sacerdotes encomendados de mantener la llama sagrada constantemente encendida. Las otras dos puertas daban llanamente a la arena. Una era la Puerta de la Vida, por la que transitaba el desfile. La otra era la Puerta de la Muerte, por la que se impelían los cadáveres de los hombres y animales. Se repartían entradas de marfil para el espectáculo festivo, cada una con un número de asiento, fila y número de entrada. Bajo las gradas había un sistema de desfiladeros y rampas para que se pudiera acceder sin inconveniente al asiento asignado. Las gradas estaban fraccionadas horizontalmente por pasillos (praecinctiones) y verticalmente por escaleras (cunei). Las butacas eran de mármol, numerados y con líneas grabadas sobre ellos demarcando el espacio de cada uno. En las paredes de las entradas se podian ver gráficos de mármol señalizando la situación de los asientos. Había cuatro filas, las tres inferiores daban al exterior por una serie de arcos que dejaban franquear el aire y la luz hacia las galerías. Los arcos de la fila del nivel inferior se esgrimían como entradas. Los de las dos filas subsiguientes hospedaban las estatuas de los dioses, a excepción de los que sellaban las dos entradas principales, mayores que el resto. Éstas soportaban las representaciones a tamaño real de un carromato con cuatro caballos y el postillón que los conducìa. Cada una de las tres primeras filas contaba con columnas diferentes y la fila superior ostentaba un sólido trabajo de mampostería con cuarenta microscópicas ventanas flanqueadas por columnas ornamentales. Una enredada trama de desaguaderos vaciaba la sangre y las bazofias de la arena y de las jaulas de animales que estaban debajo. Confluían de todas partes del edificio hasta un monumental desagüe circular que rodeaba al Coliseo y vinculaba con la Cloaca Máxima, el sistema de alcantarillado principal de la ciudad. Bajo la arena emergía una pared de mármol de unos cuatro metros de alto, montada con bloques escrupulosamente unidos para que ningún animal lograse trepar por ella. Justo encima quedaba el podio, un área plana de unos cuatro metros de ancho donde el emperador poseía su palco y donde se acomodaba la nobleza para tomar asiento. Aparentemente no había reclinatorios permanentes en el podio. Los asientos no eran numerados y los ocupantes sabían levantarse y pasear a su capricho. El podio estaba aislado de la primera fila de asientos por un antepecho. En esta primera fila se apropincuaban los mercaderes adinerados y oficiales de menor rango. Como un leopardo puede llegar a lanzarse cuatro metros y un tigre seis, el murete no era lo suficientemente alto para proteger a los espectadores, por lo que había colmillos de elefante de un metro y medio que se ponían al borde del podio, y entre ellos unas mallas que tendían sobre la arena. Además, una barra de bronce desfilaba a lo largo del borde del murete y podía voltear sobre sí misma. Igualmente, si un animal lograba saltar lo suficiente para asirse a la barra, ésta giraba haciéndole caer de nuevo a la arena. También había un foso que servía esencialmente para suavizar la fuerza de los elefantes cuando cargaban para embestir. Sin él, los elefantes podían conseguir a la nobleza en el podio, como se vio cuando Pompeyo hizo gala por primera vez a estos animales en el Circo Máximo durante el 55 a. C., antes de que Julio César ordenara excavar el foso. Se habían instalado rejillas de hierro a modo de protección, pero los elefantes las derrumbaron y tan sólo el rápido juego de piernas del emperador y sus amigos alcanzó a salvar sus vidas.
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